jueves, 22 de enero de 2015

La clase magistral (Tragicomedia en medio acto)

LA CLASE MAGISTRAL
(TRAGICOMEDIA EN MEDIO ACTO)

[Decenas de adolescentes congregados en un polígono del extrarradio. Ellos llevan gorras Adidas y unos pantalones tan holgados que dejan al descubierto su ropa interior. Ellas parecen haber renunciado a la comodidad del chándal: prefieren los vestidos de licra. A su alrededor se amontonan las botellas de vodka vacías; todavía guardan algunas en una bolsa de Carrefour. Para sobreponerse a la música que emiten los altavoces conectados a un ‘smartphone’, se ven obligados a alzar la voz. Como cabría esperar, no advierten la llegada de un ‘agente de la ley’.]

AMABLE POLICÍA: Buenas noches. ¿No saben que no está permitido el consumo de alcohol en la vía pública?
JOVEN EBRIX 1 [incapaz de contener la risa]: ¿Qué alcohol? ¡Pero si esto es zumo!
AMABLE POLICÍA: Ya. ¿Y esas botellas?
JOVEN EBRIX 1: Ya estaban ahí. Nosotros acabamos de llegar.
AMABLE POLICÍA: Permítame un segundo su vaso. [Lo coge y olfatea, aun sabiendo de antemano cuál es su contenido.] Apesta a ron.
JOVEN EBRIX 1: A tanto no llego. Yo sólo sé que es zumo. A lo mejor me han echado algo en el vaso. Sí, eso es. Me… me han drogado. Agente, ¡me han drogado! Quiero poner una denuncia ahora mismo.
AMABLE POLICÍA: Su documentación, por favor.
JOVEN EBRIX 1 [con sorprendente elocuencia]: Ahora mismo, agente. [Busca torpemente en su bolsillo y, de un tarjetero, extrae su DNI. Se lo entrega.] Aquí tiene. Ponga que yo estaba bebiendo tranquilamente un zumo de melocotón… no, de piña… y, aprovechando un instante de despiste, algún desaprensivo adulteró mi bebida. ¿Encontrarán al responsable? Atrápenlo, ¡que no quede impune! [Vomita a los pies del agente.]
AMABLE POLICÍA [ignorando al simpático borracho y refiriéndose al resto]: Ustedes también, la documentación.
JOVEN EBRIX 2: Puedes tutearnos, hombre. Somos colegas, ¿a que sí? Venga, ¡un abrazo! [Se lanza en brazos del policía, que lo esquiva.]
AMABLE POLICÍA: Apártese y haga el favor de entregarme su DNI inmediatamente. [No obtiene respuesta. Visiblemente irritado:] ¿No me ha oído? Si no me lo da aquí lo hará en comisaría.
JOVEN EBRIX 3: Pero si venimos aquí de buen rollo, ¿a quién puede molestarle? El centro queda a no sé cuántos metros, esto siempre está vacío.
AMABLE POLICÍA: La ley lo deja muy claro: lo mismo da que sea en una avenida muy concurrida o en una zona apartada, no se puede beber en la calle y punto.
JOVEN EBRIX 2: ¿Agua tampoco?
AMABLE POLICÍA: Ya me ha entendido, me refiero a alcohol.
BEODX LÚCIDX: ¿Qué hay de la gente que está de cañas en la terraza de un bar? ¿A esos también los multas?
AMABLE POLICÍA: Esas personas no infringen la ley. Hay algo llamado licencia.
BEODX LÚCIDX: Hay algo llamado dinero. Como los propietarios del bar llenan las arcas del ayuntamiento, dejáis que ellos llenen la caja registradora a costa de personas que hacen exactamente lo mismo que nosotros. ¿Cuál es la diferencia? ¿Que ellos están sentados en una mesa y beben en copas de cristal? Claro, nosotros lo hacemos en el suelo y usamos vasos de plástico.
Aún hay más: aunque estuviese prohibido beber también en terrazas y todo el mundo se emborrachara en su domicilio, ¿no serían idénticos los efectos cuando saliesen por la puerta?
AMABLE POLICÍA: Eso no es cosa mía. Yo no hago las leyes, tan sólo velo por su cumplimiento. Y la ley dice que se impondrá sanción a quien esté estacionado en la vía pública ingiriendo bebidas alcohólicas. A excepción de los clientes de los bares con terraza, quiero decir.
BEODX LÚCIDX: ¿Y no está de acuerdo conmigo en que la ley es absurda? Ya lo entiendo: “Credo quia absurdum”*, ¿no es eso? 
AMABLE POLICÍA: Pues no, caballero; no le veo nada de absurdo.
BEODX LÚCIDX: ¿Me está diciendo que si bebo sentado me multan pero si me tomo una cerveza mientras ando no hay problema?
AMABLE POLICÍA: Afirmativo. ¿Acaso no le parece razonable?
BEODX LÚCIDX: ¡Pues claro que no! ¿A santo de qué permiten a quien camina lo que me prohíben a mí por permanecer quieto? El caminante realiza exactamente el mismo desplazamiento que yo: ninguno.
AMABLE POLICÍA: Empieza a desvariar, debe haberse pasado con el vodka.
BEODX LÚCIDX: No crea que el alcohol me nubla el juicio, todo lo contrario. Supongo que no conoce usted las aporías de Zenón.
AMABLE POLICÍA: Pues no. ¿Es un cóctel nuevo?
BEODX LÚCIDX [Esbozando una sonrisa ante la ingenuidad del agente.]: No, no. Zenón de Elea fue un filósofo griego y planteó algunas paradojas con las que intentó demostrar que el movimiento no es más que una ilusión.
AMABLE POLICÍA: Lo siento pero me he perdido. ¿Está usted seguro de que no lleva alguna copa de más?
BEODX LÚCIDX: Completamente seguro. Se lo explicaré con un cuento: un corredor que participa en una cursa. Es un hombre muy veloz que está convencido de poder llegar a la meta.
AMABLE POLICÍA [Asintiendo con la cabeza, muy concentrado.]: Comprendo.
BEODX LÚCIDX: Sin embargo, aunque la distancia a recorrer no es muy grande y él está en buena forma, no se moverá si quiera de la línea de salida.
AMABLE POLICÍA: ¿Qué dice? ¿Sufre un ictus?
BEODX LÚCIDX: No, él está perfectamente, y de hecho todo apunta a que llegará en un tiempo récord.
AMABLE POLICÍA [Visiblemente desconcertado]: No entiendo nada.
BEODX LÚCIDX: Verá: el corredor debe ir del punto A al punto B. ¿No es eso cierto?
AMABLE POLICÍA: Sí, déjese de preguntas y vaya directo al grano. Me llaman por el walkie-talkie.
BEODX LÚCIDX: Bien, pero antes tendrá que pasar por el punto medio entre uno y otro, llamémosle C. Y antes, por el punto medio entre A y C, al que llamaremos D. Y antes, por el punto medio entre A y D…
JOVEN EBRIX 4: Pero el cálculo infinitesimal…
BEODX LÚCIDX: ¡Calla, imbécil! [Al agente.] Usted, ¿me sigue?
AMABLE POLICÍA: Pues no, para qué le voy a engañar. ¿Qué más ha tomado aparte del cubata?
BEODX LÚCIDX [Dirigiéndose a sus amigos, que han dejado de prestar atención a la conversación y siguen bebiendo como si nada hubiera pasado.]: A ver, ¿alguno tiene papel y lápiz?
JOVEN EBRIX 5: No, tío. Yo tengo spray para graffiti, ¿te sirve? [Lo busca en su mochila y se lo enseña.]
BEODX LÚCIDX: Supongo que sí, trae. [Lo coge y comienza a dibujar una línea recta en la pared.]
AMABLE POLICÍA: ¡Eh, eh! Eso está prohibido. ¿Qué pasa, no siente ningún respeto por la autoridad?
BEODX LÚCIDX: Ya verá como esto le ayuda a comprender mi explicación, y le demostraré que el movimiento es ilusorio.
AMABLE POLICÍA: Mire, olvide lo de la multa. Pueden seguir bebiendo. Pero no quiero oír nada más de puntos, de distancias ni de movimientos. ¿Queda claro?
BEODX LÚCIDX: ¡Déjeme al menos terminar mi explicación! Le decía que, antes de recorrer la distancia entre dos puntos, debe pasar por una infinidad de…
AMABLE POLICÍA: Una palabra más y viene usted conmigo al calabozo.
BEODX LÚCIDX: Bueno, de camino le resumo el resto de paradojas, verá lo fascinante que puede resultar la metafísica.
AMABLE POLICÍA [Con prisa, dirigiéndose al coche patrulla.]: Pasen una buena tarde.
JÓVENES EBRIXS 1,2,3,4,5; BEODX LÚCIDX: ¡Adiós, agente! Venga cuando quiera. La próxima vez puede tomarse algo. ¿Le gusta el calimocho?
 AMABLE POLICÍA: [No responde. Se sube al coche y se marcha, dejando atrás a los jóvenes que le despiden con la mano.]



FIN.

(*: Frase de Tertuliano, apologista cristiano, que significa: “Creo porque es absurdo”.)